martes, 2 de enero de 2007

En la línea del dolor

No es que me haga la sufrida, porque se que hay dolores peores, pero si hay uno que es fatal a pesar de su corta duración es la fulana depilación de la línea del bikini. Lo peor es que es un dolor buscado, a propósito, voluntario, pero ¡como duele! Eso que dicen que “para ser bella hay que ver estrellas”, caramba, ya yo he visto unas cuantas, y se que muchas de mis allegadas féminas también. Es que no nos basta con los dolores naturales de nuestro género, dígase menstruación (cada 28 ó 30 días) y el famoso dolor de parto, el cual espero que siga en mi imaginación por un buen tiempo.
Hay quienes dicen que el dolor físico es soportable, que el dolor emocional es el más duro, el más difícil de sobrellevar y aguantar; siempre hay quienes hacen esa partición entre lo físico y lo mental, el famoso dualismo cartesiano. Considero que ninguno - cuerpo o mente- es más o menos importante sobre el otro, cada uno tiene su función e importancia. Independientemente de cuan grave sea el dolor, como especie siempre vamos a buscar el placer, pero en el caso de los dolores buscados como la depilación con cera y quizás algunas cirugías plásticas, el placer no es inmediato. Parece que de algún modo se pone en evidencia el llamado “proceso oponente” de Solomon, donde una experiencia emocional hedónicamente opuesta sustituye a la emoción original inmediatamente después de la retirada del estímulo que elicita la emoción. Sea dolor o placer, siempre vamos a sentir algo, porque nuestro cerebro no puede funcionar en la total neutralidad.
Toda esta explicación (que aquí solo menciono por encimita) no la pongo en duda, además se lee bien, pero cuando estás en la camilla con la cera caliente en el entrepierna, en definitiva no se siente muy bien que digamos. Menos mal que esas estrellas trato de verlas muy poco durante el año.