domingo, 29 de julio de 2007



Hay momentos en los que siento repetir los hechos, y, ahora, al vagar por estas líneas mi vida vuelve a empezar.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Qué día es hoy



Hoy es el Día de San Valentín, bueno, según tengo entendido por una breve lectura que he realizado de un periódico local, no era ni tan santo; la iglesia católica ya no lo considera digno de serlo porque se había enamorado. Además, aparecen documentados en la historia tres Valentines que fueron mártires y que se recuerdan el 14 de febrero, sin embargo, desde 1969 la iglesia dejó de celebrar este aniversario por identidad y existencia dudosa de estos mártires, por lo que hoy día esta celebración es considerada pagana siendo el producto descarado de técnicas de comercialización bastante eficientes, eficaces y efectivas, al menos para la mayor parte del mundo occidental.
Debo reconocer que esta fecha me parece cursi, mercantilista y agobiante, en algunos casos estresante y depresiva para aquellos que solo se limitan a celebrar la amistad porque no tienen un compañero o compañera para festejarlo como dictan los medios de comunicación y el colectivo. Si bien es cierto que el amor se puede expresar en cualquier momento y de la forma en que se desee, este día marca una pauta de lo que “debería hacerse” si se esta enamorado. En base a mi experiencia personal, puedo decir que desde adolescente me han festejado el 14 de febrero: flores, chocolates, cenas, etc, etc., siempre era la envidia de mis amigas porque recibía regalos espectaculares este día, “pero” quienes me lo enviaban o no me gustaban, o simplemente lo hacían para seguir la tradición y costumbre del “deber ser” de este día, y por lo general o mejor dicho siempre, eran individuos con los que no había una conexión emocional real. Pura apariencia de amor sin contenido.
Es curioso que, ahora que me siento plena y que estoy con un ser especial con el que comparto mi vida, este tipo de detalles se manejan muy poco, o mejor dicho, en otro nivel, donde las formas de expresión de amor no se basan solo en un regalo, sino en lo cotidiano, con los buenos días, con los chistes, con los desayunos compartidos, limpiando, cocinando, con el contacto visual mientras hacemos el amor, en pocas palabras en la vida misma. Sin embargo… nunca está demás hacer de la rutina una sorpresa con derroche de corazones, chocolates y mucho rojo pasión, en el que el romance y la sensualidad cobran vida a través de códigos representativos para los enamorados.
¿Una festividad cursi y comercial? Sin duda alguna lo es, pero yendo más allá de estos calificativos superficiales, es una forma de expresión de afecto aprendida, transmitida y reforzada socialmente, inmersa además en un mundo globalizado donde las formas de aprendizaje y memoria colectiva son fácilmente accesibles.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Rutina, regreso y memoria

Horarios, tráfico, ruido y smock, palabras que describen mi regreso al movimiento citadino del cual estuve apartada por unas semanas. De vuelta a los tacones, trajes y maquillaje. Mi alter ego urbano.
Así anduve por las calles el día de hoy, desde muy tempranas horas de la mañana, a ratos en el carro, a ratos a pie, y en los intervalos de tiempo libre pensando, planeando, soñando, fantaseando. Andando. Siempre en movimiento. Ya para el mediodía estaba con mi novio almorzando en un restaurant de comida rápida, sándwiches, después de la hamburguesa creo que es la segunda típica comida rápida. Cuando el tiempo apremia y hay mucha hambre, y además ya los otros sitios no les queda comida, el resuelve es comida rápida. Casualmente el pequeño negocio donde almorzamos estaba en la calle donde yo solía vivir cuando era niña, podía ver el edificio, ya viejo con la pintura decolorada, y los negocios que aun quedan desde ese entonces, algunos remodelados otros intactos. Caminar por allí me trajo recuerdos de esa época, de cuando mis pies aun siquiera estaban cerca de lucir tacones. Pasamos por una parte de la calle que tiene unos pequeños montículos en forma cilíndrica, son como 9 ó 10 colocados en fila, recuerdo que cuando era chica los veía separadísimos y altos, y siempre que pasaba por allí me montaba sobre ellos, y caminaba haciendo equilibrio hasta llegar al último. Hoy, los vi pequeños, y surgió en mí el impulso –el mismo de cuando era niña- y me monte sobre ellos caminando en equilibrio en medio de la gente, con mi novio al lado. Fue fácil, aun con zapatos altos. Me sentí pequeña, me sentí que por unos segundos viajé atrás en el tiempo, recalco la palabra sentí, porque es la sensación lo que cuenta en momentos así, la memoria almacena no solo información episódica o semántica, hay sensaciones que quizás son parecidas a aquellas que suceden con un deja vu, un "sentir algo" que nos hace revivir una situación pasada por unos cuantos segundos, o dicho en otros términos, un estímulo externo que activa o elicita un recuerdo, que a su vez nos lleva a otro, y a otro hasta formar cadenas de pensamientos y emitir finalmente una conducta relacionada con ese recuerdo.
Percibir, analizar, almacenar, ejecutar, cada quien le da su sentido y lo vive en forma única. En mi caso, hoy almacené muchas cosas, pero la que acabo de relatar me conectó con un lugar especial de mi memoria, me sentí niña otra vez, por unos segundos, al menos en mi mente.

martes, 2 de enero de 2007

En la línea del dolor

No es que me haga la sufrida, porque se que hay dolores peores, pero si hay uno que es fatal a pesar de su corta duración es la fulana depilación de la línea del bikini. Lo peor es que es un dolor buscado, a propósito, voluntario, pero ¡como duele! Eso que dicen que “para ser bella hay que ver estrellas”, caramba, ya yo he visto unas cuantas, y se que muchas de mis allegadas féminas también. Es que no nos basta con los dolores naturales de nuestro género, dígase menstruación (cada 28 ó 30 días) y el famoso dolor de parto, el cual espero que siga en mi imaginación por un buen tiempo.
Hay quienes dicen que el dolor físico es soportable, que el dolor emocional es el más duro, el más difícil de sobrellevar y aguantar; siempre hay quienes hacen esa partición entre lo físico y lo mental, el famoso dualismo cartesiano. Considero que ninguno - cuerpo o mente- es más o menos importante sobre el otro, cada uno tiene su función e importancia. Independientemente de cuan grave sea el dolor, como especie siempre vamos a buscar el placer, pero en el caso de los dolores buscados como la depilación con cera y quizás algunas cirugías plásticas, el placer no es inmediato. Parece que de algún modo se pone en evidencia el llamado “proceso oponente” de Solomon, donde una experiencia emocional hedónicamente opuesta sustituye a la emoción original inmediatamente después de la retirada del estímulo que elicita la emoción. Sea dolor o placer, siempre vamos a sentir algo, porque nuestro cerebro no puede funcionar en la total neutralidad.
Toda esta explicación (que aquí solo menciono por encimita) no la pongo en duda, además se lee bien, pero cuando estás en la camilla con la cera caliente en el entrepierna, en definitiva no se siente muy bien que digamos. Menos mal que esas estrellas trato de verlas muy poco durante el año.