lunes, 25 de diciembre de 2006

Cajas, accesorios y usos

Si hay algún objeto que llama particularmente mi atención es una caja. Las hay de diferentes formas, tamaños, colores, estilos; desde aquellas que usamos en la mudanza hasta las que colocamos en nuestra sala para decorar la mesa. Una caja puede contener infinidad de cosas, en el caso de las mujeres, puede servir de depositario de recuerdos, con cartas, fotos, papeles de bombones que nos regaló alguien especial, o de joyero desordenado con todas las cadenitas y pulseritas enredadas entre sí.
Podemos encontrar cajas de diferentes materiales: cartón, plástico, metal, entre otros, incluso de papel bond que son menos resistentes por supuesto, pero la permanencia en el tiempo depende del peso de su contenido y el manejo que de ella haga el usuario. Éste (el usuario), siempre tiene una necesidad de guardar cosas, y esa necesidad parece no acabar nunca. Como mujer admito que nunca hay suficientes cajas para guardar objetos, de esta manera, tengo el closet lleno de cajas, cajitas y cajotas de recuerdos, de cosas que ya no quiero tener a la vista pero que me siento más tranquila si “sé” que están allí, en una caja, en el closet o el maletero, pero que están “allí”, porque algún día las habré de necesitar o querré mostrárselas a alguien, o en el peor de los casos botarlas.
Además, las cajas despiertan la curiosidad de quien no sabe lo que hay dentro de ella, si nos dan una cerrada nos dan ganas de abrirla, es lo que sucede con los regalos por ejemplo, es ese enigma que queremos descubrir, es ese acercarnos a lo desconocido, a lo escondido, a lo guardado. También esto ocurre cuando tenemos mucho tiempo sin abrir una caja que teníamos arrumbada en algún lugar.
Las cajas me encantan, porque al tener una nueva o vacía, puedo imaginar lo que podría guardar en su interior, es como una tabula rasa, en la que en lugar de escribir sobre ella, se puede meter todo lo que pueda caber en ella; es así como cada caja va adquiriendo su propia personalidad. Claro, viéndolo desde esta perspectiva, para mí la caja es un objeto que me recuerda el sistema cognitivo humano, es curioso que los primeros en estudiar el comportamiento hayan hecho el símil de la mente humana con una caja, que además era negra (para ellos), aunque para mí tampoco está tan clara que digamos. Pero es evidente que nuestro sistema de almacenamiento y clasificación mediante el uso de cajas, es una extensión tangible de aquellas clasificaciones que hacemos en nuestro cerebro, incluyendo esas cajas que no deseamos volver a abrir. Cada objeto es un dato, es una unidad de información que no puede estar suelta, a la deriva, sobretodo si no queremos que se pierda, y para ello una caja es lo mejor. La foto, el papelito, la bisutería, los zapatos, los libros, el maquillaje, etc., todo es una unidad de información, incluso nosotros mismos cuando nos meten en una caja (enteros o en cenizas). Por cierto, me han contado de mi abuelo paterno, a quien no conocí, que tenía su ataúd en un closet de la casa, ya listo para cuando llegase el momento de morir. Fíjense, tenía su propia caja, a la medida y gusto; aunque para todos en la familia era una excentricidad repugnante. A mí me parece un gesto sincero, si yo hiciese lo mismo seguro que tendría ese ataúd lleno de ropa, maquillaje, libros, pinturas, o con los utensilios de la repostería mientras llega el momento de usarlo para lo que fue hecho, ¡vaya que le cabrían cosas! lo digo por mis 1,75 mt de altura, aunque prefiero una vasija para las cenizas, va mas con mi estilo, y la podría usar para mis pinceles mientras tanto.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Operacion P2006

En conversaciones profundas con mi hermano quien esta a punto de cumplir 19 años, me he dado cuenta que lo que tiene es un queso parejo. Así es, creo que su letargo no es mas que semen acumulado en el cerebro o como dice él mismo con sus amigos "estrógeno en el cerebro", lo cual me da mucha risa debido a la hormona a la que hacen referencia, que es la que (hasta donde sé) predomina en las féminas.
Pues la opercaión P2006 no es mas que Perreo 2006, desate, locura, lujuria, ganas, etc de meter su miembro en algún sitio, ojala lo logre, y lo logre con exito, porque a esa edad (bueno... y entras también) lo que tienes en la cabeza es la palabra SEXO. Pero la cosa se puso aun mas nutrida, al menos para mí, cuando le pregunto, no mejor coloco un extracto de lo que recuerdo de la conversa:

Sabina: ¿pero J que pasó con F?
J: terminamos, los dos andamos en etapas diferentes.
Sabina: ¿cómo es eso?
J: bueno que ella como tiene 16 anda en otras cosas, el colegio, tiene que llegar a las 9 a su casa y por mas que sea yo tengo 18.
Sabina: aja pero digo, ¿que no intentaste hacer algo con ella?
J: si pero, allí si es verdad que no tenía vida, la caraja no lo quería hacer en el carro, quería esperar un tiempo hasta que esté lista, y la primera vez lo quería hacer en el EUROBUILDING o EL TAMANACO guevona!!!!!! que taaaaaalllll?????

Ay hermanito lo que veo es que va a venir una tipa corrida, de esas que llevan rato en el camino y te va a dar una meneada de pies a cabeza. Quizás hasta ese letargo se te quite. Si no es así no importa, pero si es seguro que va a haber un desplazamiento de autoridad, donde la cabeza que estaba dormida va a tomar las riendas y dominio de tu existencia, al menos por unos cuantos años.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Enamorada en la ciudad

Andar enamorada por la ciudad es una experiencia surreal, el tráfico se vuelve ligero, le doy paso a todo el mundo, no toco la corneta, el rojo del semáforo adquiere nuevamente su significado, me vuelvo más resistente al smock, los huecos no se sienten tan profundos, etc, etc. En definitiva andar enamorada es saludable. ¿Come flor? tal vez, seguramente, pero que divino es darse permiso para ver y sentir la ciudad así, mucho mas hoy que es un día especial como ayer, y antes de ayer, y antes antes de ayer y desde hace 365 días en que somos dos caminando por la misma acera en el mismo sentido.

sábado, 9 de diciembre de 2006

De la navidad y otros demonios

Oh navidad! que linda navidad! época de angustias desmedidas, euforia colectiva, donde las manías y la depresión encuentran la mesa servida.
Pues si, admito que la navidad me emociona, genera en mi una emoción guiada por la tristeza, angustia, y un ligero (casi imperceptible) toque de felicidad. Sin embargo, recuerdo que en mi infancia la navidad era algo maravilloso: el arbolito, el nacimiento, la bota de navidad con las cartas del niño Jesús (que aun conservo dentro de ella), dulces, etc. Cada año intentaba descubrir quien era aquel que dejaba tantos regalos el pie de mi cama cada 25 de diciembre, no dejo de admitir que era exitante. Pero crecí (por fortuna o desgracia). Ya desde niña sabia que el mundo estaba lleno de "pequeñas mentiritas", que hasta los padres son capaces de iniciar, dirigir y mantener.
Desde mi adolescencia vivo la navidad como un peso. Hacer hallacas no es tan divertido cuando te asignan o te obligan a lavar y cortar hojas, y menos cuando justo ese día tienes planes mas interesantes. Rezar la novena no era precisamente algo que ansiaba todas las noches, y menos cuando tus amigos se iban de juerga, claro, de niña si me motivaba, pero de grande ni hablar, y menos cuando empiezas a cuestionar y desarrollar un escepticismo en relación al tema. Las gaitas nada que ver, para empezar que a mi no se me da muy bien el baile, y escuchar esa música a todo volumen en mi casa es un tormento, sobretodo porque la ponen en los momentos en que mas deseo tranquilidad y algo de silencio. Asimismo resulta con el dichoso árbol de navidad y el nacimiento, por mi pondría el árbol el mismo 24 en la noche si me provoca; bueno... debo reconocer que el arbolito si me da nota, en especial los naturales, el olor a pino me encanta, pero desde que mi novio me dijo que si la tala de árboles, que si la deforestación, me quede pensando la cosa y ahora tengo la idea de hacer un arbol de origami (los de plástico no me gustan).
Ahora el tema de los regalos. Qué lindo es dar algo a las personas que uno ama y aprecia sinceramente; en lo particular prefiero hacer yo misma el objeto que va a fungir de obsequio, porque antes y durante la confección del mismo, pienso en la persona a quien va dirigido, y el los sentimientos que evoca en mí, además, que trato de hacerlo con detalles que a esa persona le guste. Son cosas que se hacen, mas no se compran. Por otra parte, el Christmas Show que se forma en los centros comerciales (le tengo terror a los cc) es horrible, pero mas tristeza me da ver lo susceptibles que somos (me incluyo) ante el consumismo. El comprador va adquiriendo un matiz compulsivo, o se refuerza a sí mismo como tal. Podemos sentirnos amenazados o desprotegidos ante las presiones externas de la temporada. Pero claro, comprar es la forma mas sencilla de sentirnos seguros ante las carencias y pérdidas emocionales, obtenemos de forma rápida e inmediata algo a cambio de otra cosa que tenemos en el bolsillo (dinero), si te alcanza lo compras y listo. Las tradiciones "cuestan", y cuestan en metálico y en tiempo. Esto por encimita, porque sabemos que las tradiciones o festividades implican un gasto de energías físicas, mentales y emocionales, el detalle está en administrar ese consumo y transformarlo en acciones con sentido (cada quien que se encargue del suyo).
Ahora bien, la cena navideña. Me encanta todo lo que tenga que ver con reuniones alrededor de una mesa con comida, en especial, porque tengo un marcado interés en ello. Pero en mi casa es un tanto estresante preparar las cosas, entonces aqui vuelve lo pesado de la navidad, algo que debe ser tranquilo, y lleno de disfrute se convierte en agobio. Las cosas no fluyen, al menos desde mi percepción. Todavía no he pasado una fucking navidad como me gustaría.
Sinceramente, cuando pienso, mejor dicho cuando observo a mi alrededor, cuando veo a mi ciudad en esta época me dan ganas de salir corriendo, me dan ganas de estar en un lugar mas tranquilo, con otro ritmo, celebrando o viviendo el mes de diciembre. Porque dentro de todo, hay cositas que me gustan del mes pero hay otras que prefiero pasar por alto y vivirlas a mi manera.